Ponerte a prueba: por qué recordar funciona mejor que releer

Releer da sensación de dominio, pero lo que fija lo aprendido es sacarlo de la memoria. Qué dicen los estudios y cinco formas de practicarlo desde hoy.

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En este artículo
  1. Lo que encontraron Roediger y Karpicke
  2. No es un experimento aislado
  3. El ciclo, paso a paso
  4. Cinco formas de ponerte a prueba
  5. Tres errores frecuentes
  6. Para empezar hoy

Es la noche antes del examen. Tienes los apuntes delante, subrayados en tres colores, y los relees por tercera vez. Todo te suena. Cada página parece más fácil que la anterior. Y, sin embargo, al día siguiente, frente a la hoja en blanco, la mitad no sale.

No es mala suerte. Releer produce una sensación muy convincente, la de que «ya lo sé», pero lo que estás midiendo es otra cosa: que el texto te resulta familiar. Reconocer algo cuando lo tienes delante es mucho más fácil que recordarlo cuando no está. Y en el examen, casi nunca está.

Lo que encontraron Roediger y Karpicke

En 2006, Henry Roediger y Jeffrey Karpicke, de la Universidad de Washington en San Luis, publicaron un experimento que hoy se cita en casi cualquier manual sobre cómo estudiar (Psychological Science).

Un grupo de estudiantes leyó unos textos breves de divulgación. Después, unos volvieron a leerlos y otros escribieron, sin mirar, todo lo que recordaban, sin que nadie les corrigiera. Más tarde todos hicieron un examen final: unos a los cinco minutos, otros a los dos días y otros a la semana.

  • A los cinco minutos, ganaban los que habían releído.
  • A los dos días y a la semana, la situación se invertía: quienes se habían puesto a prueba recordaban bastante más.
  • Lo más curioso: los que releían se sentían más seguros de que recordarían el texto.

Es decir, la estrategia que da más confianza a corto plazo es la que peor resiste el paso del tiempo. Este fenómeno se conoce como efecto de prueba (testing effect) o práctica de recuperación: el acto de sacar algo de la memoria no solo comprueba lo que sabes, sino que lo refuerza.

No es un experimento aislado

En 2011, Karpicke y Janell Blunt compararon la práctica de recuperación con los mapas conceptuales, una técnica muy recomendada en ciencias (Science). Una semana después, los estudiantes que habían practicado recordando aprendieron más que los que habían hecho mapas, incluso en preguntas que pedían razonar y no solo repetir. El estudio recibió críticas de defensores de los mapas conceptuales, que discutían cómo se habían usado, así que conviene no exagerarlo: no dice que los mapas no sirvan, sino que recordar activamente es una herramienta muy potente.

La revisión más citada sobre técnicas de estudio, la de John Dunlosky y sus colegas en 2013 (Psychological Science in the Public Interest), analizó diez técnicas habituales. Solo dos recibieron la nota de «utilidad alta»: ponerse a prueba y repartir el estudio en el tiempo. Releer, subrayar y resumir quedaron en «utilidad baja».

Releer te dice lo que reconoces. Recordar te dice lo que sabes, y además lo fija.

El ciclo, paso a paso

Ciclo de la práctica de recuperación: estudia, cierra, recuerda, comprueba y vuelve dentro de unos días

  1. Estudia un bloque pequeño: una página, un apartado, diez palabras.
  2. Cierra el libro o tapa los apuntes. Este paso es el que casi todo el mundo se salta.
  3. Recuerda: escribe o di en voz alta todo lo que puedas. Cuesta, y ese esfuerzo es justamente lo que hace efecto.
  4. Comprueba con el material delante qué faltaba o qué estaba mal, y corrígelo.
  5. Vuelve dentro de unos días y repite, sin mirar primero.

Cinco formas de ponerte a prueba

  • La hoja en blanco. Al terminar un tema, escribe en un folio todo lo que recuerdes, con esquemas si quieres. Luego compara con los apuntes y marca en otro color lo que faltaba: eso es lo que repasarás primero.
  • Tarjetas de pregunta y respuesta. Pregunta por un lado, respuesta por el otro. Lo importante es intentar responder antes de dar la vuelta, no leerlas como si fueran apuntes.
  • Las preguntas del final del tema. Muchos libros las traen y casi nadie las hace. Son un examen gratuito.
  • Explicárselo a alguien, o a una silla vacía, sin mirar. Donde te atasques, ahí está el hueco.
  • Exámenes de otros años. Para la EBAU/PAU, las oposiciones o un examen de idiomas, hacerlos en condiciones reales es práctica de recuperación en estado puro.

Tres errores frecuentes

  • Mirar la respuesta demasiado pronto. Si a los dos segundos ya estás dando la vuelta a la tarjeta, no estás recordando, estás releyendo.
  • No corregir. Recordar algo mal y no comprobarlo puede fijar el error. La comprobación del paso 4 no es opcional.
  • Hacerlo todo el mismo día. El efecto se multiplica cuando lo combinas con repasos espaciados: hoy, en dos o tres días, la semana que viene.

Para empezar hoy

Elige lo último que hayas estudiado. Cierra todo, pon un temporizador de diez minutos y escribe lo que recuerdes. Después compara. Te parecerá que sabes menos de lo que creías, y es buena señal: acabas de descubrir exactamente qué repasar, y ese esfuerzo ya ha empezado a fijar lo que sí salió.